A los 12 años estuve a punto de morir

Ese día, mi padre debía recoger algunos lubricantes para su trabajo, que en aquel entonces y ahora, consistía en el mantenimiento de las vías ferroviarias de Chamartín.
Mi madre también viajaba en el coche. Lo que creí una oportunidad para pasar un tiempo con mis padres, se convirtió en una de las experiencias más traumáticas de mi vida.
Cuando aquella furgoneta de reparto dio un volantazo y quedó perpendicular a la dirección de la marcha en plena M30 sentí un vuelco en el corazón. Pensé que se había agotado mi tiempo, que ya no podría hacer todo lo que quería.
Resulta perturbador como me cuesta recordar lo que hice hace dos semanas, mientras que los golpes que me di en aquel accidente y el miedo que pase está tan nítido en mi mente como mi propio nombre.
Desde ese día he pensado mucho en la muerte. En esa realidad invariable de que, en cualquier momento, podría suceder. Por eso, me prometí a mi misma que dejaría un legado del que estuviera orgullosa para enfrentar semejante desenlace sin nada que lamentar.
Por eso empecé a escribir. Porque tome la decisión de inmortalizar mis valores en mis propios libros. Así nació Athanasia, del deseo de cristalizar las experiencias y valores de otras personas que, como yo, desean dejar un legado.